Mi viejo nació en Polonia el 3 de mayo de 1927. No nació argentino, se volvió argentino de chico: la familia escapó de la Segunda Guerra y encontró puerto en Buenos Aires. Esa es la primera fuga. La segunda la protagonizó él: diputado nacional del Frejuli entre el 73 y el 76, tuvo que salir corriendo cuando el país se rompió.
Fue militante toda su vida. Ya en el 55, con el golpe a Perón, había tenido que rajar a Uruguay. Volvió. En el 76, después del golpe de Videla, se fue a España — y después a Francia, porque la España post-franquista seguía siendo jodida, y mi madre y mi hermana no se encontraban cómodas en ese aire.
Creció escapando. Y aun así, nunca dejó de militar. Esa combinación — gente que se exilia pero no se calla — es la herencia más importante que tengo. No me dejó plata ni empresa. Me dejó una forma de mirar el mundo.
Y no crecí con una sola mirada. Mi viejo era un amante del primer Perón — el de la derecha peronista, el más dogmático. Mi vieja, amante de Evita y del Perón más blando, el social. Nací en esa ambigüedad, en esa cocina donde las dos versiones se discutían sin cerrarse nunca. Eso también me formó: aprendés temprano que dentro de la misma idea hay corrientes que pelean.
Se vivía la política sin mirar el poder ni el dinero, sino con aires de cambiar la Argentina.Sobre mi padre, 1973
Hoy entiendo el mundo desde una mirada política — siempre. Cuando leo crypto, leo política. Cuando pienso un producto, pienso poder. Cuando hablo de Bitcoin, hablo de soberanía. No es pose: es la única forma en que sé pensar.
Nací en París en 1985, la ciudad que había recibido a mis viejos cuando tuvieron que huir. El primer idioma fue el francés, pero en casa se hablaba castellano. Mi viejo llevaba siempre Argentina adentro — su militancia no se fue con el exilio, se reorganizó.
Fui argentino antes de pisar la Argentina. En casa, los libros, las discusiones, la música, la comida — todo era una embajada sin sello oficial. Uno puede pasar muchos años afuera sin dejar de ser del lugar donde piensa.
En algún momento volvimos. Y me encontré con un país que me explicaron toda la vida pero que nunca había caminado. La Argentina real — la de los colectivos, los amigos del barrio, la universidad — fue mi educación sentimental.
Ahí conocí a Gaby. Novios desde el secundario, compañeros de vida desde los 17. Lo que armamos después — la familia, las mudanzas, los países — se gestó en esos años.
Los primeros años laborales fueron en telco y servicios B2B grandes: Colt, UEFA, Interoute, Getronics. Aprendí cosas que ahora me sirven y en ese momento no sabía que me iban a servir: cómo funcionan los sistemas enormes, cómo se escribe un contrato, cómo se negocia con incumbents.
No fue glamoroso. Fue formativo. Una base para entender después por qué el sistema financiero tradicional no iba a cambiar desde adentro. Había que construir al costado.
En 2017 empecé a pensar Bitcoin en serio. Un grupo de amigos estaba en algo llamado Xapo. Me volví primero cliente, después — cuando buscaban gente — me sumé a principios de 2018. No entré a una empresa: entré a una universidad.
Xapo fue eso para mí. Vi la creación del ecosistema desde adentro. Pasamos de wallet/custodio a ser el primer banco crypto regulado del mundo desde Gibraltar. Vivimos crisis de precios, crisis regulatorias, crashes de partners. Aprendí cosas que no se pueden aprender en un MBA.
Xapo fue la universidad del Bitcoin para mí — vi toda la creación del ecosistema desde un lugar muy importante.Seis años adentro
En 2019 armé Alpha AI con Lucas Gago y Lucas Selebam. Era muy temprano para agentes de IA — antes de GPT-3, antes del hype, antes de que cualquiera hablara de "AI agents". Era una exploración lateral mientras seguía adentro de Xapo: trabajar con modelos, con pipelines de datos, con la idea de que el software empezaba a poder hacer cosas que antes requerían un humano.
Lo que armamos es un research team en Londres que combina redes neuronales y finanzas cuantitativas para generar alpha sistemático. Math unbiased — sin tesis, sin narrativa, sólo los datos. Hoy tenemos 3.5 años de track record live con Sharpe por encima de BTC y del S&P. Sigue corriendo.
Después de Xapo, Zodia, Alpha — elegí Roxom. Es, sin vueltas, la mejor idea Bitcoin del mundo: llevar a Bitcoin una economía. Bitcoin es global, por lo tanto el mercado debe ser global. Pero hoy no existe una bolsa global en Bitcoin. Existen parches.
Roxom es el proyecto más ambicioso y más lindo del universo para mí. Es el lugar que elegí para construir algo grande desde cero. Es pasar a la historia — y lo digo sin ironía — como los primeros creadores de una bolsa en BTC, salidos desde Argentina.
Bitcoin es global. Por lo tanto el mercado debe ser global. Roxom es eso — sin parches.Roxom, 2024
Con Gaby estamos juntos desde los 17. Emma tiene 15, Olivia 12 — mis dos mayores creaciones. Nunca vivimos cerca de nuestras familias extendidas: siempre solos, los cuatro, en el país de turno. Eso nos volvió muy unidos y — en el buen sentido — muy aislados.
Lo que formamos no se parece a nada más. Es la única cosa que no se explica con argumentos.
Barcelona era lo más cerca a Argentina sin ser Argentina. Buen clima, algo de desorden, bastante liberal para aquella época. Las cosas cambiaron, pero la ciudad quedó. Vuelvo a Buenos Aires todo el tiempo — familia, amigos, Roxom.